16 jun 2010

Mi tiempo en Arkansas feneció

Menudo artista del Photoshop estoy hecho

Lo he hecho. Finalmente he decidido dar un paso al frente y dejar mi querido Jonesboro en busca de nuevos horizontes. Ha sido un año y cinco meses de actividad frenética en uno de los lugares menos frenéticos del mundo; y ya forma parte del pasado. Todavía tengo fresco el recuerdo del primer día en esta tierra y por supuesto nunca olvidaré el último (habrá siempre una parte de mi en todos vosotros), aunque ahora es tiempo de mirar al frente y abrir una nueva etapa.

Una vez escuché que tu casa está, simplemente, en aquel lugar en el que te sientes como en casa. Pues bien, yo estoy completamente seguro de que mi casa está en España pero parte de mi “sentimiento de casa, de hogar” permanecerá para siempre en tierra arkansawyers.

Entiendo que se pueda cuestionar el por qué de mantener un gran recuerdo de un sitio como este, un lugar en el que aparentemente no hay mucho que hacer o aprender. Sin embargo de Jonesboro, Arkansas me llevo una ingente cantidad de cosas conocidas, hechas y/o aprendidas: además de mi educación, he encontrado porcentualmente (sin poder estimar el porcentaje) parte de mi ser. He aprendido de forma global y profunda acerca de la cultura e idiosincrasia estadounidense (el "Dixie", la cultura negra, Tejas, el sistema educativo, la geografía de lugar, etc.); también he tenido oportunidad de aprender sobre Nepal, Francia, India, Trinidad y Tobago, Arabia Saudí, China, Nigeria, Kuwait, Ecuador, México y muchos otros países, culturas y cosas que ahora mismo no acierto a recordar. Además, he llegado a comprender que en el 80% de los casos los limites en qué hacer y qué no hacer se los marca uno mismo. Y todo gracias a este lugar y a esta oportunidad.

He estado cuestionándome si debería usar la socialmente establecida expresión para comunicar agradecimiento y al final he decidido no hacerlo por dos razones: primero, porque la he utilizado en demasiadas ocasiones durante los últimos días (especialmente antes de mi partida) y segundo porque he llegado a la conclusión de que yo mismo y cada una de las acciones que he llevado a cabo durante este tiempo en tierra arkansawyers han transmitido este sentimiento de agradecimiento.

Y ahora, la gran pregunta: ¿Cual es mi siguiente destino? Si quieres averiguarlo tendrás que, o bien preguntar directamente al que escribe o bien continuar leyendo este blog.

12 jun 2010

...Y entonces un road trip lo cambió todo

De Jonesboro, AR a New York City, NY: 1865 kilómetros

Era un jueves, en torno a las 7.30 de la tarde, cuando mi móvil comenzó a sonar. El sol casi se había ocultado en el horizonte arkansawyer y en un lugar que no viene al caso yo me debatía entre comerme o no mi cuarta hamburguesa de la tarde. El número, con prefijo arkansawyer, no me era familiar por lo que dudé efímeramente si cogerlo o no. Aun no sabía que contestar a esa llamada iba a cambiar para mí el devenir de los próximos días y, quizá, de los próximos meses. Tras el cuarto tono contesté, era una vieja conocida, algo nerviosa y azorada. Esta persona (a la que prefiero mantener en el anonimato, por lo que de ahora en adelante será denominada la legataria de Atahualpa) comenzó a hablar, aunque en los cinco primeros minutos no acerté a enterarme de lo que trataba de decirme. Tras contraatacar con un par de preguntas comprendí la razón de su llamada: Quería que le acompañase en un viaje, en una emocionante travesía por carretera que habría de llevarnos desde mi querido Jonesboro hasta la vieja Nueva Holanda.

La legataria de Atahualpa no pedía mucho, tan solo un compañero con voluntad y determinación ciega que le ayudase en su largo viaje. Yo, que durante los últimos días había estado sumido en endebles esperanzas mientras la rutina me acorralaba, había estado esperando algo así desde hace mucho tiempo y en esos momentos por fin llegaba; una increíble oportunidad que muy probablemente ni siquiera merecía. Al día siguiente confirmé mi presencia, solo necesitaba saber la hora y el lugar de partida. Así el sábado, a las 17:30, después de ver un descafeinado partido de fútbol del de verdad, la Legataria de Atahualpa y yo dejábamos Jonesboro, listos para lo esperado y lo inesperado, para cualquier cosa que aquella apasionante aventura nos deparara.

El viaje

El viaje fue, simplemente, increíble. El periplo desde Arkansas nos llevo a través de siete estados (más el citado): Tennessee, Virginia, Virginia Occidental, Maryland, Pensilvania, Nueva Jersey y finalmente New York, donde “la capital del mundo” esperaba. Fueron más de veinte horas, cerca de 2000 kilómetros y casi la mitad de este vasto país, desde el centro-sur al nordeste del mismo.
El primero en tomar las riendas del bólido fui yo; devorando millas llegamos a Líbano, Tennessee, un pequeño pueblo entre Nashville y Knoxville. El nombre de Líbano parece ser muy atractivo para los estadounidenses ya que durante el viaje pasamos por tres Líbanos diferentes no siendo ninguno de ellos el original. Se conoce que ese convulso pedacito de tierra mestiza al sureste del Mediterráneo tiene alguna clase de encanto que despierta admiración entre las gentes de EEUU (lo cual entiendo con solo echar un vistazo a la historia y cultura del país libanés). Sea como fuere, en Líbano, Tennessee, decidimos parar a dormir algunas horas. Por la mañana temprano, con unas condiciones climatológicas exquisitas (un inmaculado sol canicular brillaba en el cielo despejado) continuamos nuestro camino. Después de atravesar Tennessee de oeste a este nos adentramos en Virginia donde cambiamos los papeles, lo que me brindó la oportunidad de admirar el paisaje. Virginia es una tierra hermosa, muy verde y copada de suaves colinas, que se erigen sobre el arbolado llano para conformar un paisaje totalmente diferente al de Arkansas. Además el trascurso de la Interestatal 81, la carretera por la que discurríamos y que sube hacia el nordeste del país, discurre en paralelo importante sección de los Montes Apalaches. Esto posibilita que los viajeros que utilizan la mencionada autopista cuenten con una maravillosa vista de la cara oeste de la cordillera, cuyas montañas perfectamente alineadas se asemejan a una interminable ola de pasto verdoso. Desde el coche la perspectiva es magnífica pues las montañas se pueden observar al detalle.


Los Apalaches desde la carretera

Una breve pero copiosa lluvia y Crackel & Barrel

Mientras me regalaba la vista contemplando esta belleza natural algo sorprendente sucedió. Frente a nosotros, un cúmulo de nubes estaba creando una nítida cortina de lluvia que cruzaba la carretera. Como era de esperar, en un par de minutos nos adentramos en la misma, pasando de un cielo soleado a uno tremendamente lluvioso. En un momento dado la lluvia era tan fuerte que apenas podíamos ver más de un metro al frente. No obstante, tras cinco minutos la intensa cortina de lluvia se había quedado atrás y el sol volvía a brillar en el cielo despejado.


La cortina de lluvia en tres tomas

Siguiendo el camino marcado por los Apalaches cruzamos Virginia, Virginia Occidental, una ínfima parte de Maryland y Pensilvania, donde las montañas se apartaron de nuestro lado para continuar hacía hostiles tierras canadienses, mientras la noche se convertía en nuestra compañera de viaje. Ya entrados en Pensilvania decidimos para a comer algo, y la decisión fue un interesante lugar: Cracker & Barrel. Este establecimiento es singular porque además de poder degustar comida tradicional americana (más allá de hamburguesas y perritos) los comensales pueden adquirir elementos tradicionales de la cultura estadounidense: desde las clásicas mecedoras (que flanquean las entradas al restaurante en el porche del mismo) hasta DVDs de míticas series de ayer y hoy como Bonanza o la Tribu de los Brady. Luego de recobrar fuerzas con un revitalizante estofado volvimos a la carretera para acabar con los pocos cientos de millas que nos quedaban por delante. El viaje, que había transcurrido sin sobresaltos ni imprevistos se vio entonces enturbiado por unas obras en la carretera, mal señalizadas por cierto, que nos tuvieron casi una hora circulando a escasos kilómetros por hora.

El Cracker & Barrel de Pensilvania

La recta final

Con paciencia y algo de merengue para animarnos el cuerpo pasamos el mal trago y entramos en Nueva Jersey, el último estado antes de llegar a Nueva York. Pese a que ya era tarde y habíamos estado todo el día en la carretera este último tramo no fue nada difícil por dos razones: Primero porque la parte de autopista que tomamos en Nueva Jersey estaba perfecta, como la de un circuito de F-1 en la vuelta de calentamiento. Segundo, porque aun sin haber cruzado al estado de Nueva York el clásico horizonte de Manhattan con sus luces y rascacielos nos hizo sentir que lo habíamos conseguido. Tras dejar atrás Nueva Jersey, pagar un par de peajes y pasar el puente de Queens llegamos a nuestro destino, un delicioso estudio en el corazón de Queens, donde quizá la más grata sorpresa del viaje, la Princesa del Tahuantinsuyo, nos esperaba. Al bajar del coche tuve una sensación que no sabría cómo explicar, pero que me llevaba a pensar que íbamos a pasar unos días inolvidables. Lo habíamos hecho, estábamos allí y lo mejor de todo era que habíamos disfrutado como nadie pudiera haber imaginado.

Alejanblog, El enfermo (imaginario)

"Le Malade imaginaire" de Honoré Daumier

Sí, debo admitir que casi lo hice. Alejanblog ha estado cerca del deceso.

Cuando creé este blog una de las premisas fue que no dejaría que me ocurriese lo que a tantos otros que he visto y conocido: Crear un blog y dejarlo morir amparado en deberes infundados, sentimientos de procrastinación y demás excusas varias. Pese a tener esta firme convicción, las últimas cuatro o cinco semanas he estado muy cerca de convertirme en uno de ellos, abandonando este blog a su suerte en las profundidades del ciberespacio que todo lo engulle.


No obstante, he podido redirigir la situación y este blog va a continuar su camino. ¿Cómo lo hice? Con un poco de voluntad y de compromiso, sí, pero sobre todo gracias a la magnánima ayuda proveniente de las palabras de aliento de geniales individuos que creen que este blog no es lo suficientemente malo como para morir de desidia. Alejanblog ha estado enfermo, pero ahora está, sin lugar a duda, completamente recuperado.

4 jun 2010

El redescubrimiento de América: Películas en inglés y mis “pasajes bíblicos”

Replica de la Santa María, la “nao capitana” o buque insignia de Cristobal Colón

Hace ya algunas semanas, en un post anterior, mencioné que crecí viendo películas. Como cualquier otro niño en España, yo veía esas películas en español, dado que en España la mayoría de las películas provenientes del EEUU se doblan al español desde los albores del cine sonoro. El motivo principal era que, en dicha época, encontrar en España un angloparlante era una ardua tarea, por lo que para llegar al gran público los filmes necesitaban ser en español. Y en la actualidad, ya sea por defecto, dejadez o deseo de no dañar tan sublime gremio (los dobladores españoles se merecen un post aparte, sin duda), las películas estadounidenses y extranjeras en general son todavía, en su gran mayoría, dobladas al español. Sea como fuere, yo deglutía películas (visualmente hablando, se entiende) con avidez y frenesí. Además, para mí no eran una simple forma de pasar el tiempo sino valiosos documentos de culto tremendamente útiles para la configuración de mi micro universo personal.

Pues bien, después de llevar ya un tiempo en EEUU, absolutamente inmerso en esta cultura, he llegado a entender los filmes en versión original –bueno para hacer honor a la verdad debería decir la mayoría de filmes, porque algunas veces determinados personajes, dejes o entonaciones se me escapan. Como consecuencia, ha aparecido ante mí un nuevo universo de posibilidades ya que, ahora, todas aquellas películas fetiche de las que hablaba antes, se han convertido como por arte de magia en prístinas obras cinematográficas, en tiernas y apetecibles vírgenes fílmicas para mis ojos. Me siento, por tanto, como si las hubiese redescubierto y estuvieran ahí, disponibles, por primera vez.

Se hace difícil explicar las sensaciones que experimento cuando cojo (con permiso de los usuarios latinoamericanos) una de esas películas y la veo de nuevo. Una inefable mezcla de emoción y nostalgia anega mi ser y dibuja una sonrisa tontorrona en mi cara. Además, mi entendimiento del film así como el recuerdo que tengo del mismo queda modificado en mayor o menor medida.
Además de la película como obra, desde mi infancia he mantenido vivas las escenas y los diálogos más significativos de cada film, líneas que son parte de la historia del cine y por ende míticas e inolvidables para mí. No en vano puedo recitar esos fragmentos como las beatas y beatos recitan pasajes bíblicos. A continuación se muestran aquellos que me vienen ahora mismo a la mente, sabiendo que muchos otros están cayendo en el olvido:

Este es mi favorito: No llueve eternamente… mágico.




Poesía para mis oídos, nunca imagine que Arnold Schwarzenegger hablase como el clásico y estereotipado alemán de cabeza cúbica, ¡Todo un hallazgo! No te pierdas su “desayuno”:




Forrest cambió mi visión de EEUU para siempre. Además, me parece increíble que este entrañable ser jamás supo lo que eran bombones (desde el 3:28 al 3:38):




En la historia del cine, nadie describió a otra persona tan memorablemente como lo hizo el Coronel Trautman:




Rutger Hauer condicionó fatalmente su carrera como actor al interpretar al lider replicante Roy Batty. Alcanzó entonces su culmen como profesional y desde entonces nada ha vuelto a ser lo mismo para él. He visto cosas… (sencillamente inenarrable):




Ver estas películas de nuevo, en inglés, es simplemente increíble, y todo gracias a esta aventura que comencé hace ya un año y cinco meses. Es más, puedo decir que si, hipotéticamente, no me hubiese sacado el master o no hubiera tenido la oportunidad de trabajar en Nueva York esta experiencia todavía habría merecido la pena. Y no solo por haber aprendido el idioma, sino especialmente por ellas, por las películas…

Y para terminar, aquí dejo un mensaje; recordadlo si jamás volveis a verme o a hablar conmigo (desde el 1:04, también desde el 0:56): Los edificios arden, la gente muere, pero…

17 may 2010

Memorias de la infancia: Los cuadernos de páginas amarillas y los lápices HB2 con goma de borrar.

My version de la Estatua de la Libertad (colección personal)

Lo sé, has leído el título de esta entrada, te parece una tontería y has estado a puntito de dejar de leer. Está bien, no voy a tratar de convencerte de lo contrario, aunque la cosa tiene su historia. ¿Quieres leerla?

Cuando era pequeño solía ver películas en cantidades ingentes. Según mi madre, eran la única forma de que me estuviera quieto, porque aunque nunca se me diagnosticó los indicios nos llevan a pensar que era hiperactivo –familiarmente un cabroncete con pintas-.
Como consecuencia de este visionado masivo de filmes todavía hoy tengo numerosos recuerdos aislados de los mismos, que me retrotraen a mi infancia y me llevan a la melancolía más lacerante.
Estos recuerdos se han hecho especialmente patentes durante este tiempo en los EEUU ya que las mencionadas películas mostraban hábitos, constumbres y todo tipo de detalles de esta vida made in USA que ahora tengo oportunidad de experimentar. Y de entre estos recuerdos hay uno que especialmente llama la atención. Uno que me vino a la cabeza súbitamente durante mi primera mañana en EEUU, cuando conocí el departamento de idiomas en el que iba a trabajar los próximos meses. Aquella mañana de enero Nikki (la asistente de administración también conocida como secretaria) me estaba enseñando el lugar y cuando arribamos a la diminuta habitación del material sucedió: allí estaban, dispuestos en sus estanterías frente a mí y a mi izquierda respectivamente, una pila de cuadernos de páginas amarillas y varias cajas de lápices HB2 con goma de borrar incorporada.


Nikki me sugirió que cogiese todo aquello que necesitase; como tenían variedad y cantidad, podría haber cogido bolígrafos de los de toda la vida y un cuaderno clásico de espiral con sus tapas y todo aunque, claro está, desestime tal opción. Lo hice porque quería tener, como era menester (así lo veía yo) mi propio cuaderno de páginas amarillas y mis lápices HB2 con goma de borrar incorporada. Desde ese día he visitado la salita del material en varias ocasiones pero el material que escogido ha sido siempre el mismo.
¿Por qué? Pues porque cuando era niño y veía las clásicas películas de adolescentes siempre me preguntaba por qué los estudiantes estadounidenses no usaban los cuadernos de hojas blancas, tapas y espiral que nosotros utilizábamos en España. En vez de estos, ellos usaban esos raros cuadernos de hojas amarillas y sus lápices HB2 con goma de borrar incorporada. ¿Quién iba a querer usar esos cuadernos de hojas amarillas si en las hojas blancas de los normales se ve todo más claro y además tienen tapas que protegen todo lo que estás escribiendo? (esto último suena un poco estúpido, pero hay que tener en cuenta que en aquel momento era un niño).
Además, no tenían espiral a la izquierda por lo que no podías escribir en ambos lados de la hoja, lo cual era incomprensible. Sin embargo, siempre llegaba a la conclusión de que sería interesante usarlos porque tenían su encanto, aunque nunca acerté a adivinar por qué (quizá porque las bolas de papel hechas de hojas amarillas son más molonas, no sé…).
Por otro lado en España, cuando yo era un tierno infante, tan pronto como tu capacidad para escribir estaba más o menos desarrollada se te obligaba a escribir con bolígrafo. Así se pretendía que mejorásemos la precisión al escribir (usando un lápiz los tachones se pueden borrar con una goma). Los profesores nunca nos permitían usar lápices en nuestros cuadernos y por supuesto no podíamos usarlos en los exámenes. A consecuencia de esto yo, que siempre fui escribiente propenso a errores (supongo que me acelero con facilidad), nunca tuve cuadernos que medianamente presentables; los tachones adornaban sus páginas por doquier. Por eso siempre deseé estar en una de esas películas en las que los estudiantes podían usar su lápiz con goma de borrar, el mismo que también nosotros teníamos pero que nos estaba prohibido utilizar. Anhelaba gozar de libertad al escribir, pudiendo corregir tantas veces como me viniera en gana. Por desgracia, esto nunca ocurrió.



¡El potro de tortura de los sueños!


En cualquier caso, aquel día en la salita del material estos recuerdos baladíes me vinieron a la mente y propiciaron la simbiosis entre los cuadernos de páginas amarillas y los lápices BH2 con goma de borrar y un servidor. ¿Es esto la mayor gilipollez que has oído en los últimos días? ¿Es un sueño de la infancia hecho realidad? Quizás, puede ser, no sé…