8 abr 2010

Desde Siria con mucho flow



Su nombre es Ali Khalil. Llegó de Siria hace más o menos ocho meses. Es el instructor de árabe (aparte de estudiante del máster en inglés) y mi compañero de oficina en el departamento de idiomas.
Si eso es todo lo que te desvelo acerca de él, ¿Cómo te lo imaginas? Permíteme verbalizar tus pensamientos: un tipo delgado, probablemente con barba o bigote, quizá con piel morena, vestido con ropa árabe (turbante o keffiyeh, Jellbiya , sandalias, etc.), silencioso, con un fuerte acento arábigo y por supuesto musulmán hasta la médula. Bueno, pues si esto es lo que estás pensando me veo obligado a decirte que tus prejuicios te han traicionado –y apuesto a que no es la primera vez, ¿verdad? Ese es el problema con los prejuicios, dejamos a nuestro subconsciente aventurar sin darnos cuenta que los estereotipos o generalizaciones de los que echa mano son normalmente inexactas, vagas y con frecuencia fruto de exageradas descripciones.
En este caso, por ejemplo, Ali es todo lo contrario de lo que cabría esperar del estereotípico árabe. ¿Es esto negativo? Pues claro que no. De hecho es genial. Ali es un tipo normal, de piel clara y con un pronunciado acento británico. No es musulmán, sino agnóstico, es locuaz y amable y siempre tiene algo gracioso que comentar. A Ali le encanta salir de fiesta, pasar tiempo con los amigos y la cultura anglosajona en general. Además, Ali es un ferviente fan de Michael Jackson. Es más, no solo es fan de MJ sino también un gran imitador:



El artista dándolo todo con Smooth criminal. ¡Crack!

Este es, a grandes rasgos, Ali, uno de mis compañeros de oficina. Siempre que tengo oportunidad trato de intercambiar impresiones y aprender de él y su cultura, pues gente de Siria no se encuentra todos los días. No obstante, debo decir que quizá la mejor cosa que Ali me ha enseñado hasta ahora es algo que no ha salido de su boca: Prejuzgar no tiene sentido alguno y suele llevarte a errar; y él, el gran Ali, es prueba viviente de ello.

y aquí está, Ali.

29 mar 2010

Memorias de Nueva York: los asiáticos que leían periódicos en el metro


Asiatico enfrascado en su periodico en la linea 1 (Colección Personal)

El pasado verano tuve la oportunidad de vivir en Nueva York, donde durante casi cuatro meses me batí el cobre trabajando en prácticas para MTV, TNYG y Sugar Communications. La verdad es que fue una experiencia inolvidable que me permitió aprender mucho sobre varios ámbitos del mundo de la comunicación. Sobre Nueva York puedo hablar de muchas cosas: los museos, la gente, Harlem, el Barrio, Central Park, Chinatown, Wall Street, Litte Italy, etc. También podría contar historias sobre como lo pasé allí: el sitio en el que vivía, la gente que conocí en MTV Tr3s, mis respectivos superiores en los sitios en que trabajé, y demás. Sin embargo hoy quiero hablar de una de las cosas que más me impresionó durante mi estancia en La Gran Manzana. Puede que pienses que voy a referirme a los rascacielos, Times Square o el puente de Brooklyn pero ninguno de ellos me llamó la atención tanto como esto: los asiáticos que leían periódicos –sus periódicos- en el metro .

Quizá los que hayan estado en Nueva York saben de lo que hablo. Mientras viví allí trabajé seis días a la semana, en tres sitios diferentes y cada uno ubicado en una zona distinta, así que, como puede imaginarse, tuve que coger el metro bastante. Normalmente, entre trayecto y trayecto, solía observar a la gente que iba y venía a mi alrededor y tras unas semanas allí me percaté de este particular grupo de individuos; daba igual la línea o la zona de la ciudad que fuera ya que todas ellas, en un momento dado, me encontraba a un asiático leyendo el periódico.

También me encontraba con no asiáticos leyendo los diarios, pero no con la frecuencia con que veía a chinos, japoneses, coreanos, etc. Elucubrando sobre posibles explicaciones para tan singular fenómeno pensé que quizá sus periódicos contienen noticias más interesantes o
más jugosas –jamás pude comprobarlo dado mi limitado dominio de las lenguas asiáticas–, o quizá que leer sus periódicos les ayuda a no extrañar tanto su país.

Mantuve la duda durante un tiempo hasta que un buen día decidir matarla y me puse a investigar en internet acerca de posibles explicaciones para este asunto. Y obviamente, la red, que nunca da la espalda, me ofreció una posible respuesta: de acuerdo con la Asociación Mundial de Periódicos (que seguro que se montó en EEUU) los asiáticos son, con diferencia, los que más periódicos leen. De hecho casi 75 de los 100 periódicos más leídos son de Asia. Por lo tanto, quizá lo que sucede es simplemente una cuestión cultural: en el lejano oriente, hay más gente acostumbrada a leer el periódico y cuando emigran a otros países se llevan sus costumbres consigo. No obstante, los datos tienen una sencilla lectura que además desmonta la mencionada explicación: si los asiáticos son en torno al 80% de la población mundial, ¿no deberían por ende leer un porcentaje similar de periódicos?


En cualquier caso, el fenómeno existe, no quepa duda. Por tanto, si algún día vais –o volvéis- a Nueva York no olvidéis echar un vistazo a la gente que tengáis alrededor en el metro, porque encontrareis, casi seguro, a un asiático leyendo un periódico.

Tejas, el País Vasco a la americana

Infografia: Colección personal

El pasado mes de noviembre asistí a una conferencia en Texas State University, una universidad situada en San Marcos, Tejas. Durante este viaje tuve la oportunidad de conocer no sólo San Marcos sino también Austin, una ciudad que recomiendo pues me sorprendió muy gratamente –también conocí el gigantesco aeropuerto de Dallas, pero eso no cuenta mucho-. Era mi primera vez en Tejas y la verdad es que me gusto mucho. El clima, pese a ser noviembre, era perfecto, incluso algo cálido. El paisaje de la zona, muy mediterráneo, me recordó al de España, por lo que cuando iba del aeropuerto al hotel sentí por un momento que volvía a casa, aunque en realidad estuviera a más de 10.000 kilómetros.

El estado de Tejas es internacionalmente conocido y frecuentemente asociado al estereotipo del cowboy -vaquero- y a las películas del oeste. Los lugareños, lejos de mostrarse disconformes con este trillado estereotipo lo abrazan como seña de identidad y están más que orgullosos de ello. He podido saber gracias a gente de otros estados que la gente de Tejas se distingue claramente del resto de los estadounidenses. Según el cliché, los tejanos son gente llana y muy amable pero también duros y directos, de hecho uno de los eslóganes asociados al estado es Don’t mess with Texas -que vendría a significar “no te pases ni un pelo con Tejas”-. Este eslogan se puede ver en camisetas, gorras, pegatinas y demás merchandising. El eslogan tiene su gracia pero hay otro aun más famoso: Everything is bigger in Texas o “todo es más grande en Tejas”. Esto se asocia a todo tipo de cosas, pero especialmente a la comida. De hecho en el Food Channel a veces hacen programas especiales sobre lugares singulares en los que comer ya he visto varios en Tejas: hamburguesas gigantes, chuletones mastodónticos, etc... Por estos detalles y alguno más que enumero a continuación, mientras estaba en Tejas me di cuenta de algo curioso que a mi juicio ha de constatarse: Tejas es para los estadounidenses lo que el País Vasco es para los españoles.

En España, los vascuences son conocidos por su fuerza y lo exagerado de su persona; no en vano un delicioso género de chistes les rinde tributo, los chistes de vascos, en los que siempre hay un vasco llamado Patxi o Antxón como protagonista para hacer gala, con mofa, de las características mencionadas. Además, los vascuences son gente con una identidad muy definida entre los españoles y algunos de ellos incluso reclaman la independencia de España –con métodos absolutamente deleznables, por cierto-. Esto es algo que curiosamente también les une con los tejanos, pues he podido saber que la independencia de Tejas ha sido un tema recurrente durante la historia de EEUU y que aun hoy algunos anhelan.

Por tanto como se puede apreciar, hay claras similitudes entre los tejanos y los vascos. Cada uno a su manera –es difícil establecer una comparación entre un cowboy y un aizcolari- exhiben rasgos singulares y distintivos en su país, algo apreciado en mayor o menor medida por aquellos que los rodean. Por eso cuando volví de Tejas, aparte de con un buen recuerdo, me quedé con una idea clara sobre el lugar: Tejas es, sin duda alguna, el País Vasco made in U. S. A.

Fotos: Vascos, http://www.nonbait.com/shop/images/huiku3.jpg Cowboy, http://www.highlightskids.com/Stories/NonFiction/NF0900_headtotoeCowboy.asp

Si quieres ser alguien en Arkansas, 1ª parte: los trucks

A este individuo lo encontré en una gasolinera cerca de Jonesboro. Nótese la bandera confederada –comprable, si se quiere, a una de España con el águila bicéfala- en la matrícula delantera y el atuendo del dueño, que se ofreció a deleitarme con el lazo de vaquero mientras tomaba la foto. No tiene precio.

Hay algo de lo que me he percatado a lo largo de los años, no importa el lugar en el que me encontraba o la cultura del mismo: la gente usa elementos materiales para afianzar su sentimiento de pertenencia al grupo social con el que se identifican o quieren identificarse.

En Nueva York, por ejemplo, todo neoyorquino que se precie tiene una gorra de los Yankees. En las universidades estadounidenses, si quieres ser considerado un atleta -y por ende tener un alto estatus social- debes vestir sempiternamente la sudadera del deporte al que juegas, especialmente cuando vas a la cafetería, el perfecto escenario para el pavoneo. Si además eres jugador de fútbol americano, las chanclas Jordan con calcetines son altamente recomendables. Se puede encontrar otro ejemplo entre los intelectuales, en cuyo caso el sentimiento de pertenencia se refuerza con unas buenas gafas de pasta y otros accesorios como la camisa de cuadros metida por dentro, la raya al lado, etc. –este aspecto últimamente se ha tomado como moda-. Se puede observar que en todos estos casos la originalidad, la personalidad o la rebeldía con respecto a la homogeneidad brillan por su ausencia, como fruto de un comportamiento irracional a cuyo nivel no operan, en absoluto, dichos conceptos.

Sea como fuere todos estos objetos, accesorios, etc. hacen que tu nivel de autoconfianza se incremente –No soy un marginado, vendrían a decir de forma implícita- y dan un mensaje a aquellos que te rodean: esto es lo que soy, ¿a qué molo? De los muchos objetos que podemos incluir dentro de esta clasificación los coches son de los mejores porque trasmiten de forma fastuosa el mencionado mensaje subyacente. Un buen deportivo, una lujosa limusina o un mastodóntico Hummer te dan, qué duda cabe, una posición privilegiada frente a los que te rodean, haciéndote sentir más cómodo contigo mismo.

Pues bien, después de un largo periodo de observación y de inmersión cultural, he podido constatar que aquí en Arkansas hay varios elementos que uno debe tener para ser reconocido como arkansawyer. Voy a dedicar diferentes posts a cada uno de ellos y hoy el elegido es el vehículo predilecto de los lugareños: el Truck (conocido en español como camioneta o pick up y para los mejicanos como troca).

Muchos sabréis a lo que el término truck se refiere aunque para los no duchos se podría definir así: Un truck es, básicamente, un todo terreno con la parte de atrás diáfana, sin asientos, tapicería o detalle alguno. Este tipo de vehículo solía ser muy útil para labores de labranza y ganadería porque el gran espacio trasero permite al trabajador en cuestión llevar todo tipo de herramientas y maquinaría que no cabrían en un coche o incluso en una Furgoneta.

No obstante, hoy en día el mencionado uso primario de las camionetas ha pasado a un segundo plano. Sin ir más lejos en Arkansas (considerado un estado rural y agrario), las camionetas representan más de la mitad del total de vehículos que circulan por las calles. Con solo echar un vistazo a un parking se puede ver como las camionetas de toda clase y condición ganan por goleada a otros tipos de vehículos. Entre los muchos tipos de trucks destacan:

El truck estándar: el más común en los aparcamientos, se ajusta con fidelidad a la definición provista anteriormente -el de la foto de inicio es un claro ejemplo. A veces puede tener espacio para asientos traseros, pero normalmente solo posee asiento para el conductor y el copiloto.



El truck mastodóntico: este tipo se caracteriza por su gran altura, sus enormes ruedas y un frontal impresionante. Las connotaciones fálicas que entraña se exponen posteriormente en este texto.



El truck viejete: dado que estos vehículos fueron originalmente pensados para trabajar, es normal encontrar modelos más antiguos que han batallado contra el paso del tiempo. Algunos de estos modelos son tremendamente apreciados entre los arkansawyers.



El truck tuneado: es un truck estándar que incorpora accesorios tuning como grandes llantas, alerones, etc. En esta zona suelen pertenecer a individuos mejicanos.




El mini truck: es una versión reducida del truck estándar. Siempre tendrá dos asientos y parece demasiado endeble como para llevar cualquier objeto pesado, lo que lo hace aun más inservible.



El cruck o cocheneta: es una mezcla entre un coche y una camioneta (car + truck) o lo que es lo mismo, un coche de los setenta con la parte de atrás diáfana. Este espécimen es muy poco habitual en circulación y por tanto muy apreciado. No acierto a imaginar en que estaban pensando los diseñadores de las compañías de coches cuando alumbraron este modelo, pero viendo que no hay ejemplares más modernos del mismo se puede entender que las ventas no fueron muy bien. Este modelo es, por cierto, mi favorito.



Después de esta somera descripción de los modelos de truck más habituales se puede intuir que este tipo de vehículo está muy extendido entre los oriundos de Arkansas, pese a que está claro que no todos los dueños son labradores, granjeros o ganaderos.

Así que, ¿por qué comprar un truck? Por su utilidad claramente no: no puedes llevar detrás nada que no sea impermeable o resistente a las diferentes condiciones meteorológicas y además en muchos casos tampoco puedes llevar más pasajeros que el copiloto. En cuanto a economía la respuesta es, de nuevo, no: estos vehículos son caros (bastante por encima del precio del coche medio) y son grandes y pesados por lo que consumen mucha gasolina.

Por tanto no parece existir una justificación racional para comprar una de esta estas camionetas. Sin embargo, después de observar, preguntar e indagar creo haber encontrado la motivación que les lleva a tener un truck: Ser un auténtico arkansawyer. Sí, son vehículos caros e inútiles, pero parece no haber duda de que aquellos que poseen un truck en Askansas se sienten mejor consigo mismos. Están mostrando quiénes son y esto les lleva a incrementar su autoestima. Es un elemento de moda para los arkansawyers que les convierte en molones, en “uno de ellos”; conduciendo un truck el lugareño en cuestión está lanzando un mensaje al resto: ¡Soy un arkanswayer! Más profundamente este análisis se puede enfocar desde una perspectiva sexual para afirmar el truck, para el hombre, no es sino un apéndice fálico más –cuanto más grande es mi truck, más… guay soy -.

En conclusión, hay algo que todo foráneo debe saber sobre el estatus social en estas tierras: si quieres ser alguien en Arkansas necesitas conducir un truck.

28 mar 2010

El equipo de fútbol

La zamarra del equipo (mira que me gusta usar la palabra zamarra)


El tiqui-taca ha llegado a la Liga de fútbol para adultos de Jonesoboro, ya que la semana pasada decidí apuntarme a un equipo de fútbol (ya sabéis, el de verdad). El Dr. Amieyi, mi tutor y jefe del departamento de Radio-TV me habló de esta liga de fútbol en la que él juega y capitanea uno de los equipos y me dijo que si quería apuntarme. Le di vueltas durante unos minutos y al final pensé que estaría bien jugar un poquito más en serio que en el W. O. L. F Center -poco a poco me voy desaciendo del tronquismo que ha caracterizado mi juego los últimos años-.

Mi equipo es el F. C. International y como se puede ver en las fotos el uniforme es una copia del que llevaba el Barça hace dos temporadas. Los uniformes se crearon dos años atrás, por lo que los que quedaban –solo dos- estaban serigrafiados con número y nombre. No tenía mucho donde elegir así que me decidí por el número seis, Shiva, que iba a pertenecer a un doctor indio que vive aquí y que al final dejó el equipo. El doctor Amienyi dice que el nombre se puede cambiar, aunque creo que lo voy a dejar así. Suena exótico y poderoso, de hecho es el nombre de una deidad hindú y según Wikipedia significa auspicioso, amable y cortés, ¿me pega, no?

Mi zamarra por detrás, con el susodicho vocablo que he adoptado como nombre de guerra.

El equipo no entrena y los partidos se juegan dos días a la semana, aunque no es obligatorio acudir a todos, lo cual me permite combinarlos con las clases y mis quehaceres. La liga se juega de marzo a mayo pero hay solo cuatro equipos así que nos enfrentaremos a los mismos equipos tres o cuatro veces –algo un poco raro-. Sea como fuere, el Dr. Amienyi me comentó sobre esta liga el lunes, entregué la solicitud el martes y el miércoles jugué mi primer partido; la cosa fue en plan fichaje de última hora con el mercado casi cerrado –espero que no me pase factura la falta de aclimatación, de pretemporada, etc-.

El partido del miércoles estuvo correcto. Pude conocer a mis compañeros de equipo, y ver el nivel de la gente. Algunos de ellos son buenos y otros menos buenos, pero lo que más me parece que necesita mi equipo es jugar como eso, como un equipo. Durante este primer partido me pareció que estaban cansados o apáticos, aunque yo tampoco es que lo hiciera genial, y el caso es que perdimos 3 - 1.

El domingo tenemos otro partido; cabe esperar que nuestro juego mejore y podamos traer algo de tiqui-taca hasta Jonesboro, aunque la persistente lluvia –lleva cayendo desde el jueves- podría posponer el encuentro. Veremos…