28 mar 2010

El Abdoer Twist, ¡menudo invento!


Esta es la primera parte del anuncio. Nótese la importancia no solo de ver sino también de escuchar el documento; de no ser así el por qué de la efectividad del Abdoer Twist no se entenderá.


El reloj de mi habitación marca las 12:57 pm en un Days Inn de Norman, un suburbio de Oklahoma City. No puedo dormir, y el nerviosismo por la presentación que tengo mañana en la AEMJC conference está empezando a asomarse. No obstante, nada de esto importa ahora mismo. No importa porque estoy en auténtico estado de shock debido al anuncio del artilugio de pseudo ejercicio más bizarro y surrealista que he visto en mi vida: el Abdoer Twist. Se debe tomar al menos un minuto para echarle un vistazo; es una especie de trono endeble con un rodillo en el respaldo en el cual el pseudo atleta ejecuta bruscos y antinaturales movimientos, como si fuese un robot o un zombie de una película de bajo presupuesto de los años cincuenta.

Escuchar la descripción del aparato es algo inefable. Aparentemente el secreto del Abdoer Twist está en lo que la voz en off del anuncio llama sinergia biométrica, ¡Ahí te lo dejo! El concepto se menciona pero obviamente no se explica y a continuación se procede a enumerar los beneficios del artefacto: desarrollar músculo sin grasa, fortalecer el núcleo abdominal y quemar calorías, todo al mismo tiempo, ¡Como por arte de magia!

No sé qué decir, estoy simplemente anonadado; cada segundo de este documento audiovisual tiene un valor incalculable. Los vendedores de aparatos de ejercicio inservibles han superado sus mejores creaciones de largo….

Pero hay más; enseñar el producto rodeado de tías buenas y culturistas que además lo están usando no es suficiente. Los “casos de éxito reales” (debería poner dobles o triples comillas) son mas grotescos, si cabe:

El primer individuo perdió a su mujer debido a un cáncer y como le prometió que iba a perder peso, el caballero ha decido hacerlo con el Abdoer Twist: 19. 5 kilos en 60 días.

El segundo hombretón va más allá, desafiando todas las reglas sobre pérdida de peso sana y gradual:



25 kilos en ocho semanas y un total de 56 kilos, todo gracias al Abdoer Twist.

Después de este colofón final el anuncio el anuncio termina y yo no puedo evitar preguntarme a mí mismo, insistente, cuál es el próximo.
Mentiras comerciales, tan lamentables como adictivas, al menos para mí.

Khalaf, mi compañero de viaje

Parece ser que Oklahoma es un estado de fuerte arraigo nativo americano, aunque yo no vi ni un solo nativo de los de verdad.


Hace dos jueves al terminar mis clases partí con destino a Oklahoma para asistir a la una conferencia sobre periodismo y comunicación, la AEJMC mid winter conference, que tuvo lugar los siguientes cuatro días en la Universidad de Oklahoma. En este viaje tuve la mejor compañía que cabría esperar: Khalaf Tahat, compañero del master e intrépido periodista jordano. Khalaf llegó a ASU el semestre pasado gracias a una beca de su gobierno y a día de hoy vive con su esposa y sus tres hijos en Jonesboro. Khalaf y yo dejamos Jonesboro a las 4:40 pm y a lo largo de las ocho horas que duró el viaje tuve la oportunidad de aprender sobre mi singular acompañante, su cultura y la forma en que ve la vida la gente de oriente medio. Con el sol ocultándose en el plano y nítido horizonte arkansawyer Khalaf tuvo tiempo de contarme, a grandes rasgos, toda su vida: Cómo acabó estudiando en ASU, los difíciles comienzos y sobre todo cómo era su vida antes de venir a EEUU.



Durante más de diez años, Khalaf ejerció como redactor y corresponsal para uno de los periódicos jordanos de tirada nacional, Al Ra'I (la opinión). En este tiempo conoció influyentes políticos, desarrollo su olfato periodístico y cubrió acontecimientos por todo oriente medio, incluida la Guerra del Líbano en 2006. Cuenta Khalaf que trabajar en dicha guerra fue una experiencia muy peligrosa pero también muy enriquecedora y que jamás olvidará el recuerdo de dejar el Líbano en helicópteros de combate del ejército jordano. Además me contó sobre las largas distancias que condujo a través del Desierto Árabe y de los países del Golfo Pérsico, y me aseguró que pese a las condiciones climatológicas las carreteras de allí están en buen estado –en especial en Arabia Saudí-, por lo que puedes llegar a cualquier sitio sin grandes problemas.
También me habló del periodo que vivió en Qatar, donde estudio la carrera de periodismo luego de conseguir otra beca de su gobierno. Según él los qataríes no escatiman en gastos y siempre quieren lo mejor, confirmando el manido tópico de los petro-dólares que todo lo compran.

Khalaf tuvo tiempo de hablarme de su familia, de sus ocho hermanos, todos enrolados en el ejército, y sus dos hermanas, y de la pequeña casa que poseen sus padres a las afueras de Aman. Fue en este momento, cuando hablamos de la familia, cuando sobrevino el momento más jocoso del viaje: al preguntarle acerca de su mujer, de cómo se conocieron y demás, el singular jordano me respondió, sereno y sin titubeos, que su esposa era su prima-hermana. Al oírlo se me secó la garganta y las palabras se me esfumaron. Para más inri, actos seguido me dijo, extrañado y con su profundo acento arábigo, que no entendía porque en los países occidentales no nos casábamos entre primos: “Si fueseis hermano y hermana sería malo, pero primos, ¿Por qué no?” Varias razones se me vinieron a la mente, pero ninguna de ellas me pareció lo sufrientemente buena para convencerle. Me figuré que, al fin y al cabo, conceptos como incesto o endogamia no iban a ser aptos para la situación. Según Khalaf, en los países árabes los únicos que no se pueden casar entre ellos son los hermanos y los hermanos de leche; el resto están “en el mercado”, lo cual no deja de resultarme bastante sorprendente.

La conversación con mi peculiar compañero arábigo estaba siendo interminable pero muy interesante y yo me limitaba a escuchar la mayor parte del tiempo y a intentar asimilar todo lo rápido que podía. Antes de que tuviera tiempo para aburrirme o sentirme cansado (incluso aunque hubo una pequeña siestecita casi al final) llegamos a Norman, Oklahoma. Dimos una vuelta a la zona de los hoteles y al final nos decantamos por un Days Inn, donde una mujer de proporciones desproporcionadas nos dio la habitación 234. Habíamos llegado a Norman y al día siguiente la Universidad de Oklahoma nos esperaba.

El W.O.L.F. Center

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Este es el pabellón, abierto hace tan un par de semanas

La gente que vive en Jonesboro piensa que este lugar es soporíferamente aburrido. De hecho, ha sido renombrado con mofa Jonesboring (para los no versados en inglés, boring = aburrido) debido a las pocas cosas que uno puede hacer. Llegado este punto, debo decir que yo personalmente soy escéptico; además, suelo pensar de forma contraria a la masa y este caso no es una excepción. Para mi Jonesoboro es un buen sitio, con su encanto y todo. No es una de las famosas megalópolis que vemos en las películas, pero me gusta. Estar aquí me permite aprovechar al máximo las horas en que estoy despierto, me brinda recursos para estudiar, trabajar y aprender y también me ofrece ocupaciones para estar entretenido. Jonesboro para mí es solo eso, Jonesoboro. El sitio en sí merece un solo post por lo que no me extenderé acerca de Jonesboro en estas líneas. Hoy quería hablar de una de esas cosas que puedes hacer aquí: jugar al fútbol en el W. O. L. F. Center.


El Wellness Opportunities and Life Fitness center es el recién inaugurado pabellón multiusos que han construido en ASU para que los estudiantes practiquen deportes y lleven una vida sana. El nombre está muy bien traído: las secciones deportivas de la universidad son los Red Wolves (Lobos Rojos) y con las iniciales del pabellón se forma la palabra wolf, que significa lobo en inglés. En este moderno centro de fitness se puede hacer uso de un gran gimnasio, varias pistas de baloncesto/voleibol/bádminton, un par de salas de aerobic (y más) y tres mesas de ping pong. Además de todo esto el recinto cuenta con una pista de fútbol indoor a la que la gente –yo incluido- acude para jugar al fútbol. Esta pista también tiene canastas de baloncesto y he visto en alguna ocasión a gente jugando al hockey. Sin embargo, nosotros aquí jugamos al fútbol, que por estos lares conocido como soccer para distinguirlo del fútbol americano. Para dicho propósito yo prefiero llamarlo el fútbol de verdad, dado que en este se usa una bola y los pies mientras que en el americano el uso del pie es ínfimo. El fútbol aquí es más popular entre los estudiantes internacionales, aunque algunos estadounidenses también juegan. Normalmente puedes encontrar estudiantes de cualquier parte: EEUU, Arabia Saudí, China, India, Kuwait, Irán, Nigeria, Omán, Camerún, Japón, Marruecos, Francia… y por supuesto España.




Siempre que voy disfruto a raudales: diferentes niveles de juego o de técnica y diferentes nacionalidades pero un mismo objetivo, emular a Messi, Agüero, Torres, Iniesta o CR9 y liberar algo de estrés después de clase. A veces me doy cuenta de que cuando llegue la hora de partir no volveré a vivir este tipo de experiencia y por ello disfruto cada partido como si fuera el último. En cualquier caso, jugar al fútbol es solo una de las cosas que puedes hacer en Jonesoboro; hay algunas más pero si quieres descubrirlas deberás seguir leyendo este blog…

La Kappa Tau Alpha National Honors Society

El escudo de la sociedad. Muy solemne

Esta mañana, ojeando mis emails mientras preparaba mis clases he leído uno especialmente misterioso. El susodicho correo era una invitación para hacerme miembro de la Kappa Tau Alpha National Honors Society. Al principio pensé que se trataba de una de las clásicas fraternidades made in USA, las cuales no me interesan en demasía pese a que supongo que sería divertido formar parte de una. Sin embargo, he continuado leyendo el email y ha resultado que no era una de ellas. Esta sociedad ofrece ser miembro a estudiantes de periodismo y comunicación distinguidos entre el top 5% de todos estudiantes en base a méritos académicos. He leído sobre ello en la desangelada web de la sociedad y parece ser cierto. No entiendo a quién he engañado para conseguir esta invitación, pero la voy a tomar porque soy fiel seguidor del refranero español, el cual dice, claro y lacónico, “es de bien nacidos ser agradecidos”. No obstante debo decir que no comulgo con premios ni honores que recompensen lo mínimo que uno debe hacer.


Este es un ejemplo de la iniciación. Bastante sobrio, me gusta.

En cualquier caso, este asunto me ha recordado algo que me sorprendió mucho cuando vine a EEUU – de hecho aun lo hace. Las gentes estadounidenses tienen especial motivación por formar asociaciones. El motivo importa, sí, pero tampoco demasiado. Tu raza, lo que te gusta o disgusta, tu tendencia sexual, tu religión o tu sector laboral son motivos suficientes para montar una asociación. Bajo muchas de ellas subyace una idea: la necesidad de querer hacer amigos rápidamente, lo que a simple vista parece ser el leitmotiv de las fraternidades/sororidades (ayer en la biblioteca oí que cazar un marido es también un objetivo importante para las “hermanas”). Si te paras a pensarlo, todo esto puede resultar raro, pero en absoluto lo es. Por ejemplo, hoy en el periódico de la univeridad he leído un artículo con el siguiente titular “La Comunidad Atea de Jonesboro busca formar una sección universitaria”. La primera línea del cuerpo de la noticia era simplemente maravillosa: “las hostilidades están creciendo en el campus de ASU debido a los intentos de la Comunidad Atea por establecer una sección estudiantil en el campus”. Más allá de lo hilarante de la pieza, piensa en perspectiva por un segundo: Jonesboro, en Arkansas –en el mismísimo centro del llamado Cinturón de la Biblia-, ¡¿¡tiene una asociación ateísta!?!

Esta historia no hace sino refrendar ese ansia por asociarse que tienen los estadounidenses. Es una característica intrínseca de su idiosincrasia y alguien foráneo como yo lo percibe claramente. Por lo tanto, dado que ahora me encuentro inmerso en esta cultura, me estoy planteando la posibilidad de crear mi propia asociación. Ya tengo varias ideas en mente: La Asociación de Encantadores y Estilosos Estudiantes Españoles, la AEEES (Para esta estoy aun reclutando efectivos, pero yo seré el presidente), la fraternidad Macho Omega, ΜΩ (que se preparen los machos alfa y los muchachitos de fraternidad) o la Asociación Odio los Tres Tipos de Grasas (normal/Sat/Trans) de la Comida de EEUU, la AOTTGCEEUU. Todavía estoy dándole vueltas a todas ellas pero desde aquí hago un llamamiento a todos aquellos que quieran hacerse socios para que contacten conmigo para poder ilustrarles acerca del proceso de admisión.

27 mar 2010

La cena Nepalí

Este es el primero de los dos platos que comí. Ambos con los dedos, como hacen ellos.

El viernes pasado pase la tarde-noche en el apartamento de R
iju, mi ex-compañera del máster nepalí. Riju decidió preparar una cena porque Venkat, el hermano de Pavitra (otra ex-compañera) ha venido a visitar Jonesboro este mes. Riju solicitó mis servicios como ayudante de cocina y yo, claro está, acepté.
Pasamos un par de horas muy divertidas cocinando, haciendo de todo un poco: Dal (una especie de puré de le
ntejas menos espeso, con tropezones y aderezado con especias), pollo a la nepalí (así lo bauticé yo), unas espinacas raras con un sabor muy fuerte y ensalada de fruta. Todo servido con arroz basmati, obviamente. Aunque estuvimos dos horas cocinando el tiempo se me pasó rápido. Al principio suponía que Riju cocinaría con mucho picante pero la verdad es que a excepción del pollo los platos eran bastante suaves.

Los invitados llegaron antes de que terminásemos así que estuvimos charlando un rato a medio camino entre la concina y la salita de estar. Aparte de Venkat y Pavitra, Ricky, Nusrath y Rithika también se apuntaron a la cena –todos ellos indios. Me lo pase en grande porque cuando quedamos tengo la oportunidad de aprender muchísimo sobre su cultura. Además ellos siempre están dispuestos a compartirla así como ávidos por conocer más acerca de la cultura española. Durante la velada me enseñaron nuevos detalles sobre la India: Venkat me estuvo hablando de una tradición que tienen en la que utilizan toros y que por la descripción que hacía se debe parecer a los forcados portugueses. Sacó el tema porque había oído hablar de los toros en España, lo cual les sorprende mucho por aquellas tierras.

Ricky me habló del Sijismo, dado que el es punyabí y su familia Sij. Al parecer los Sij son famosos por su particular identidad así como por su coraje y valentía. Ricky me contó que los Sij tienen cinco artículos o elementos de fe: su pelo y su barba, que se dejan crecer toda su vida, una daga, un peine, un brazalete como de plata y su característica ropa interior. Consiguen estos objetos por medio de un ritual y una vez los tienen los deberán mantener de por vida, como si fueran una prolongación de su cuerpo. Entre todos también me hablaron de uno de sus dioses, Krishna, del que resaltaron el hecho de que tuvo 1600 esposas, aunque según Venkat muchas de ellas eran avatares de sí mismas; igual esto es una metáfora india de aquello del hombre y el parchís: “me como una y cuento veinte”. La tradición dice que Krishna era un tipo muy deseado entre las féminas y que por no decepcionarlas se casaba con toda la que lo deseaba. Una decisión muy diplomática, ¿verdad?

La noche acabó con todos bailoteando, primero salsa y después grandes éxitos indios. No perdí la oportunidad de aprender algunos pasos del estilo punyabí con Ricky y Venkat me demostró algo de lo que ya me había percatado: los indios adoran la música y bailar sin parar.

Cuando me percate de que quizá ya era tarde miré el reloj y la 1:30 de la madrugada asomaba implacable. Con tan maña compañía el tiempo se había escapado volando y me fui con la sensación de que esta gente es demasiado agradable, cálida y valiosa, y de que nunca podré entender totalmente todo lo que rodea la cultura india. ¡Maldita vida mortal!